Para la Justicia los mails infieles no son adulterio


Los mensajes hot, insuficientes como prueba. Es por un caso iniciado en Capital por un hombre que descubrió correos eróticos entre su esposa y un caribeño. Los jueces consideraron que al no comprobarse el “acceso carnal” no hubo infidelidad.


La historia podría ser la trama de una novela de la tarde con nombres compuestos y hablada en neutro. El marido le inicia una demanda de divorcio. Ella le retruca con otra pero por adulterio: prueba que la engañó dos veces con su propia hermana en el verano de 1989 y presenta testigos que dicen que también le había sido infiel con la esposa de un compañero de trabajo. Pero él fue por más: imprimió una lista de mails eróticos que ella se había intercambiado con un hombre de Centroamérica. Pero para la Justicia no alcanzó: entendió que los dos eran culpables y resolvió que, como la “infidelidad virtual” no deja en evidencia que haya habido un “encuentro carnal”, no es suficiente para probar adulterio.
Si la novela empezara por el final la pregunta sería la siguiente: ¿Por qué tanto interés en probar que hubo adulterio? “En un divorcio de común acuerdo ambos pierden los derechos de alimentos y la vocación hereditaria. Si se prueba adulterio, en cambio, el inocente conserva los dos derechos: por ejemplo, si era ama de casa y nunca trabajó, le corresponden alimentos. Pero además, si el otro muere, aunque estén divorciados, lo hereda”, explicó a Clarín Viviana Koffman, abogada especialista en derecho de familia.
La mujer se olvidó de la máxima de los infieles 2.0: send-delete.
Y él encontró mails “con expresiones de matiz amoroso y por momentos eróticos”, como consta en el fallo. A eso sumó una lista de los llamados telefónicos que le habría hecho al hombre que vive en Centroamérica, comprobantes de préstamos de dinero, del envío de una encomienda y de una viaje que ella habría hecho para visitarlo. Ella no apeló a la otra máxima – te juro que yo no era – y lo reconoció. Pero agregó dos detalles: aseguró que nunca se conocieron personalmente y que, cuando se enviaron los mails, ella y su esposo ya estaban separados “de hecho”.
La Justicia, así, rechazó el adulterio porque entendió que “no basta con el intercambio de palabras o mensajes cargados de erotismo y de fantasías entre los dos polos de comunicación de la red”, pues la infidelidad virtual, en tanto “no pase a 3D” (sic) no llega a consumar el encuentro carnal que configuraría el adulterio”.
La Justicia entendió que los mails “pertenecen al ámbito de la autonomía privada” y que, en este caso, sus contenidos aportaban “indicios” pero no probaban “el acceso carnal”, tal como prevé la figura de adulterio.
“Como tiene que estar probado el acceso carnal y como son fáciles de fraguar, un mail o un mensaje de texto por sí solos no son suficientes como prueba de adulterio, sino que deben avalarse con otros medios de prueba. Por ejemplo, un mail con una foto que muestra al infiel ingresando a un hotel alojamiento con un tercero parece suficiente. Pero no. Ese correo debería avalarse con testigos que confirmen la relación o más fotos en donde se los vea besándose en la vía pública para que la suma de las pruebas sean tenidas en cuenta”, dice Koffman.
El caso confirma una tendencia cada vez más común en las demandas de divorcio: 2 de cada 10 demandas se inician a partir de mails o fotos comprometedoras que se publican en Facebook. Y, según dicen los detectives privados, los mails y los SMS son el vehículo de más de la mitad de las trampas. Aún así, las leyes todavía no se aggiornaron. Por eso el caso “amplía la jurisprudencia e incluir a la infidelidad virtual” entre las causales de divorcio”, apuntó la abogada.
El final de la historia no tiene vencedores. Las infidelidades de él (incluso los encuentros que mantuvo con la cuñada que lo entregó) también fueron desestimados. La razón es que su esposa lo había perdonado. Y eso, legalmente, “extingue” el adulterio. Sin ninguna de las partes libre de pecado, salió el divorcio. Los dos fueron considerados culpables. Los dos por haberse injuriado.

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